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El juego y la Teología de la celebración desde la infancia-Parte I
14 May 18

El juego y la Teología de la celebración desde la infancia-Parte I

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Por Edesio Sánchez Cetina

Introducción

En la Biblia, aquí y allá, se nos cuenta que los niños juegan un papel salvador en el preciso momento en el que el pueblo de Dios y sus líderes se encuentran atrapados en la lógica del adulto para resolver los problemas de la vida.

Samuel, el niño, fue el elegido de Dios para inyectarle nueva vida al ya desgastado liderazgo de Elí y sus hijos (1 S 2). David, el pastorcito de Belén, resultó ser el mejor equipado y entrenado para acabar con la fuerza bélica filistea, a expensas del poder militar del ejército del rey Saúl (1 S 17). El niño de la alimentación de la multitud en Juan 6.5-15 con sus cinco panecillos y dos pescados se unió a Jesús para darle de comer a más de cinco mil personas; un problema que los discípulos con su mente adulta no podían resolver «a la manera de Cristo», es decir, a la manera infantil.

El profeta Isaías, al mirar el desastre en el que vivía su nación y los pronósticos desalentadores de su futuro histórico, vislumbró un mundo mejor, el mesiánico, radicalmente distinto al definido y diseñado por los adultos. Los que en el mundo «normal» son víctimas o victimarios, en este nuevo mundo se convierten en compañeros de vida (Is 11.6[1]), y tienen por líder o pastor a un niño pequeño (naʽar qaton):

Entonces el lobo y el cordero vivirán en paz,

el tigre y el cabrito descansarán juntos,

el becerro y el león crecerán uno al lado del otro,

y se dejarán guiar por un niño pequeño.

Dios parece no considerar como opción viable irrumpir soteriológicamente en la historia humana con un proyecto diseñado por y para adultos. A través de su vocero, el profeta Isaías, decide proclamar su emmanuel (Dios-con-nosotros) como el Dios-niño:

Porque nos ha nacido un niño,

Dios nos ha dado un hijo,

al cual se le ha concedido el poder de gobernar.

Y le darán estos nombres:

Admirable en sus planes, Dios invencible,

Padre eterno, Príncipe de paz.

Se sentará en el trono de David;

extenderá su poder real a todas partes,

y la paz no se acabará;

su reinado quedará bien establecido,

y sus bases serán la justicia y el derecho

desde ahora y para siempre.

Esto lo hará el ardiente amor del Señor todopoderoso. (Is 9.6-7)

La primera navidad celebró no la llegada de un guerrero adulto y poderoso, armado hasta los dientes, sino la irrupción del Dios «todopoderoso» en la persona del niño de Belén, el bebé nacido en una cueva, acostado en un comedero de animales y rodeado por humildes pastores que habían escuchado el anuncio angelical:

No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia, que será motivo de gran alegría para todos: Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. Como señal, encontrarán ustedes al niño envuelto en pañales y acostado en un establo. (Lc 2.10-12)

En el proyecto salvífico de Dios, el proyecto central de la historia humana, no es el adulto el protagonista; es el niño. A los adultos que acompañaron a Jesús les costó entender el proyecto infantil de Dios, y de distintas maneras Jesús tuvo que recordárselos: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños (Mt 11.25, RVR-60); Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él (Mc 10.14-15[2]).

En efecto, al decir de Jesús, el reino de Dios pertenece a los niños y a los que son como ellos. Y, ¿quiénes son como ellos? Jesús responde: los pobres; estos son los otros «dueños» del reino (Lc 6.20). En relación con esto, son muy pertinentes las palabras de Eduardo Galeano citadas en su libro Patas arriba: la escuela del mundo al revés (p.14): «Niños son, en su mayoría, los pobres; y pobres son, en su mayoría, los niños. Y entre todos los rehenes del sistema, ellos son los que peor la pasan. La sociedad los exprime, los vigila, los castiga, a veces los mata: casi nunca los escucha, jamás los comprende.»

Me llama sobremanera la atención que en los dos pasajes que me han parecido más apropiados para una relectura desde la perspectiva infantil, 2 Reyes 5 (Naamán) y Lucas 19.1-10 (Zaqueo), los protagonistas centrales se vuelven niños y a la vez se vuelven pobres; es decir, se despojan sin pesar de sus bienes materiales. Reflejan la misma característica de Dios: Porque ya saben ustedes que nuestro Señor Jesucristo, en su bondad, siendo rico se hizo pobre por causa de ustedes, para que por su pobreza ustedes se hicieran ricos. (2 Cor. 8.9).

El juego, reino del niño

Deberá resultarnos obvio que el ser pobre no define el ser niño, ni viceversa. Aunque hay que reconocer que en América Latina ser niño y ser pobre es, en mucho, lo mismo. Sin embargo, la discusión bíblico-teológica previa, nos lleva por otro camino. Dios vislumbra su futuro reino en manos de los niños, porque ellos tienen una cualidad propia de la infancia: el juego. En esta perspectiva, el juego es algo muy serio; si se quiere «peligroso» para quien se aferra a hacer las cosas y definir al mundo y a la sociedad a lo adulto.

[...]

El juego se convierte en una denuncia de la lógica del mundo adulto. Los niños se niegan a aceptar el veredicto del «principio de realidad». Separan un espacio y un tiempo y tratan de organizarlos según los principios de la omnipotencia del deseo. Y allá se mueve un grupo de niños, en medio del mundo adulto, como una protesta contra él… ¿Será algo semejante a esto lo que Jesús tenía en mente, al hablar de la necesidad de que nos volvamos niños? Los niños no se conforman con este mundo… No es posible que la seriedad y la crueldad adulta sea lo más importante que la vida puede ofrecernos… El mundo puede ser diferente. Y, en el juego, esta cosa nueva se ofrece como aperitivo.

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Extracto del artículo "El juego y la Teología de la celebración desde la infancia" tomado del Movimiento con la Niñez y la Juventud: http://movimientonj.org/el-juego-y-la-teologia-de-la-celebracion-desde-la-infancia-parte-i/

El profesor de Biblia, Edesio Sánchez, estará a cargo de la clase "Niñez en el Antiguo Testamento" en el Certificado "Contra toda violencia: Pastoral con la niñez", que iniciará este sábado 19 de mayo. Más información AQUÍ.

Modificado por última vez en 14 May 2018

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