(506) 2283-8848 Cedros de Montes de Oca. San José, Costa Rica

La fuerza revivificadora del amor
01 Abr 18

La fuerza revivificadora del amor

Valora este artículo
(0 votos)

Triduo Pascual: Pascua – 31 de marzo/1 de abril 

La fuerza revivificadora del amor

Juan 20,1-9: Entró el otro discípulo, vio y creyó

Por Hánzel Zúñiga

La muerte de Jesús dejó en shock a sus seguidores y esta historia seguía causando fuertes impresiones a los primeros cristianos. ¿Cómo es posible que aquél que es “camino”, “verdad” y “vida” quede en la sombra de la muerte? El relato del evangelio de Juan que hemos leído inicia en la oscuridad: el día primero de la semana, aun estando oscuro, varias mujeres (v. 2 “nosotras”) van al sepulcro. En medio de la noche ha acontecido algo. La piedra de la entrada está corrida, ha sido retirada, el sepulcro está abierto. María de Magdala corre y anuncia angustiada que el cuerpo de su Señor no está, le busca y no sabe dónde le han puesto. Posteriormente, envuelta en llanto (v. 11), ella misma será la primera testigo del Señor exaltado y la primera evangelizadora de la resurrección. Se convierte en la apostolorum apostola porque fue la primera “testis divinae misericordiae”, es decir, “testigo de la divina misericordia” (Gregorio Magno, XL Hom. In Evangelia, lib. II, Hom. 25,10).

Entretanto, Pedro y el discípulo amado corren al sepulcro. En esta carrera, el cristianismo joánico “corrió por delante más rápido que Pedro y llegó primero al sepulcro” (v. 3), pero, guardando ese papel de autoridad que le confieren los relatos pascuales a Pedro, no entró sino de segundo. Vieron las vendas “en el suelo”, en la misma posición en la que estuvo el cuerpo de Jesús, pero el sudario de la cabeza estaba aparte. Esto le bastó al discípulo amado para “ver y creer” al tiempo que Pedro seguía sin entender.

¿Cómo entender-asumir-experimentar esto? Cuando los/as cristianos/as vivieron la experiencia de la muerte de su maestro la crisis fue inevitable. No hay forma de razonarlo. No obstante, algo estaba claro: el espíritu de Jesús ya estaba en la comunidad (cf. 16,7-8), ahora él está con ellos/as y en ello/as. El resucitado vive en la iglesia y se manifiesta cuando ésta se congrega, parte el pan y proclama las Escrituras. “Resurrección” es una fuerte expresión para indicar que la entrega “hasta el extremo” de Jesús no acaba en la muerte, sino que trasciende. “Dios ha resucitado a Jesús” significa que el amor ha vencido a la muerte. Y el resucitado está ahora en sus seguidores cada vez que hacemos vida su ministerio: enfrentando al mal, reintegrando en la sociedad al excluido, haciendo banquetes abiertos a todos/as, procurando la igualdad con mujeres y niños, haciendo realidad la alegría de la “Buena Nueva” que construye un mundo más humano.

Oración: Señor Jesús, que resplandeces como luz abrazadora en medio de las tinieblas del egoísmo, enséñanos a proclamar tu resurrección con nuestras vidas, todos los días, en todos los contextos porque la muerte no tiene la palabra definitiva ante la alegría del amor.

Síguenos en Facebook