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Reflexión de Jueves Santo
29 Mar 18

Reflexión de Jueves Santo

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Por Hánzel Zúñiga

Triduo Pascual: Jueves Santo – 29 de marzo

Lavar los pies a la humanidad

Juan 13,1-15: Les he dado ejemplo para que también ustedes hagan lo que yo con ustedes

En el ritual antiguo de la iglesia primitiva, la celebración de los próximos tres días, era el punto culminante de todo el año litúrgico. El inicio del tiempo pascual se ubica aquí, en la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Todos los sacramentos de la iglesia brotan de acá: de la cruz y la glorificación por parte de Dios a su Hijo.

En el evangelio según Juan, que venimos siguiendo, hemos llegado finalmente a “la hora” de Jesús. Su descenso del Padre ha llegado al punto más profundo, ahora inicia su ascenso: “sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía […]” (v. 3). Su “humillación” y auto-abajamiento queda plasmada de forma magistral en la escena del lavatorio de los pies que hemos leído (Brown, El evangelio y las cartas de Juan, p. 114). El evangelista explica el gesto con una solemne introducción: “Él, que había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (v. 1). ¿Cuál es ese amor? El acto de la reducción más increíble, que llega a tocar suelo, porque lavar los pies polvorientos de quien porta sandalias era un oficio de esclavos. Debemos subrayar acá que, a diferencia de lo pensado por Nietzsche, esta auto-marginación no tiene que ver con una reducción miserable del ser humano sino, más bien, con el acto de entrega más grande que se consumará la mañana siguiente: el amor sincero llega al punto de dar todo, hasta la vida, para que otros vivan. Pedro se niega, no entiende. Sólo podrá comprenderlo después, al reconocer al resucitado, porque el “bautismo” del lavatorio de pies ha nacido de él y no es necesario “otro bautismo”.

El papel de nosotros/as, los seguidores de Jesús, está en repetir este gesto. “Lavarnos los pies unos a otros” es el signo de la entrega desinteresada, consciente y cargada de amor, para cambiar la realidad. Nosotros/as, que vivimos en una euforia consumista, debemos caminar más aún y saber que el amor por los/as demás tiene que ver con el amor a uno mismo. Jesús le lava los pies a la humanidad cada vez que alguno/a de nosotros se comparte, se dona, se hace tangible a quien lo necesita.

Oración: Señor Jesús, que con tu ejemplo nos invitas a lavarle los pies a quienes pasan por nuestra vida, ayúdanos a reconocer tu rostro en todo aquél que sufre y así, con nuestra entrega sincera, logremos evidenciar tu amor por la humanidad.

Modificado por última vez en 31 Mar 2018

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