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Madre de Jesús, rostro de mujer
03 Ene 18

Madre de Jesús, rostro de mujer

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Lucas 2,16-21: María guardaba todas estas cosas en su corazón

La experiencia que han vivido los pastores viendo al niño recién nacido es signo de la transformación profunda que Dios ha obrado en ellos: nadie es el mismo después de encontrarse con Jesús. La reacción de los testigos es exactamente la misma que tiene un enfermo cuando es curado por el Maestro: una estallido de alegría incontenible (cf. Lc 8,39) donde se anuncia de inmediato el mensaje de salvación recibido.

María se encuentra en la misma situación que los pastores al ser testigo de semejante don. En el evangelio de Lucas ella es modelo del discípulo, la primera seguidora porque aceptó la voluntad de Dios sin interponer su capricho personal, una discípula que escucha la Palabra de Dios y la cumple. En el texto María “conserva” o “atesora” lo que ha vivido, así como lo “interpreta” o “reflexiona”: no se trata de un recuerdo melancólico de un pasado perdido, sino la memoria de una fe viva, de una gracia que se sigue haciendo presente hoy.

La escucha de la Palabra de Dios debe ser modelo para la Iglesia, que ha recibido una gran bendición por el vientre de María. Cuando en siglo IV se formuló el término Theotokos, en medio de grandes discusiones cristológicas, se pensó no en la “madre de Dios” como si Dios pudiese tener madre, sino en el sentido de “engendrarlo”. Ella llevó en su vientre a aquél que nos mostró cómo es Dios: cercano, amoroso, sencillo.

Oración: Dios amigo, ayúdanos a encontrar tu rostro femenino en las luchas cotidianas de cada mujer, particularmente en aquéllas que viven en contextos difíciles, como María, pero que salen adelante cada día.

Por: Hánzel Zúñiga Valerio

Modificado por última vez en 16 Ene 2018

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