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¿Por qué se oponen los fundamentalismos religiosos a lo que llaman “ideología de género”?
01 Nov 17

¿Por qué se oponen los fundamentalismos religiosos a lo que llaman “ideología de género”?

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Por Genilma Boehler

Existen temáticas que son delicadas para las confesionalidades religiosas - en los contextos de sociedades de países Latinoamericanos – tales realidades poseen en general, trasfondo cultural/religioso y judío/cristiano. Pero, no solamente comprendemos confesionalidades religiosas desde las tradiciones cristianas – y más tratando de fundamentalismos religiosos[1] – tal concepto está más arraigado en las religiones de trasfondo monoteístas y que poseen un texto sagrado. ¿De qué estamos hablando? Del judaísmo, del cristianismo y del islamismo. Tres religiones monoteístas, de trasfondo socio-cultural patriarcal y que poseen textos sagrados: La Torah, la Biblia, el Alcorán.

Ahora bien…

Un texto sagrado posee caminos para acercamientos. Por ejemplo un camino puede ser desde el método descriptivo-hermenéutico otro, el de normativo/literal.

El descriptivo hermenéutico se direcciona hacia un análisis crítico, que analiza, profundiza, que sospecha de los vacíos, de las personas sujetos anónimas o de las personas y situaciones silenciadas; que  busca la comprensión mediada por preguntas; que se aleja del sentido común; y por esto encuentra otras respuestas y alumbra las realidades presentes, con esperanzas y utopías futuras.

Pero el normativo va por otro camino. Necesita  de las normas, las leyes inmutables que controla los cuerpos y las vidas individuales o colectivas.

-Si el acercamiento al texto sagrado apunta únicamente a una dirección, como norma o como ley, como verdades que no se cuestionan, se cae en fundamentalismos, que tratan de comprender al pie de la letra – una frase, un párrafo – un ítem – un versículo bíblico   y procuran aplicar a la práctica cotidiana, donde se afirman y se defienden comportamientos, actitudes y pensamientos, como inmutables.

Les invito a un ejercicio de imaginación:

Vamos a imaginar que estamos viviendo en la Edad Media.  La Tierra está en el centro del universo, en las profundidades de ella está el infierno y el demonio (y sus vapores sulfurosos que hasta van saliendo de los volcanes con cenizas y olores), todo está calmo, fijo y tranquilo, allá en la cima las estrellas fijas en una esfera cristalina.  Toda la gente sabe que esta es la verdad, y la experiencia cotidiana la confirma… Y entonces, alguien dice que la Tierra gira alrededor de sí misma y alrededor del sol…[2] cuestiona el geocentrismo y propone el heliocentrismo como otra verdad u otro horizonte de comprensión.[3]

 Este ejemplo me parece muy interesante para pensar temáticas como las de hoy en nuestra discusión. 

Ya vamos avanzando en las décadas, pues ha sido en los años 80 cuando en el campo de estudios feministas, contestando al supuesto carácter de naturalidad absoluta de la distinción sexual, acuñaron el término género en el campo de las Ciencias Sociales[4], como una categoría de análisis, o un concepto.

De acuerdo con la socióloga americana Joan Scott, hay tres grandes diferencias fundadoras en todas  las sociedades: la sexual, la étnico-racial y las diferencias de clase[5]. Según tal autora, las relaciones de desigualdad en las sociedades se estructuran no por la existencia de la diferencia en sí mismas, sino por valores atribuidos culturalmente a cada una de la diferencias, jerarquizando las relaciones.[6] De este modo las desigualdades no son fruto de la diversidad social, pero si del valor desigualmente atribuido a personas y colectividades según estos criterios. [7] La noción de “género” dejaba  entonces como sentado que “la biología no es destino”  y que las relaciones entre hombres y mujeres y las identidades asignadas/adquiridas al ser culturales podían perfectamente ser modificadas.[8]

Cuando analizamos las relaciones sociales con esta óptica, vemos que la intersección de tales diferencias son desigualmente valoradas por la cultura que generan jerarquías, privilegios y a la vez exclusiones, perjuicios y maltratos, lo que influye en cuanto al   reconocimiento de sus capacidades de ser sujetos de derechos y de disfrutar de la condición de ciudadanía tan necesaria para el acceso a los bienes materiales y para vivir la vida con dignidad y respeto.

Desde esta comprensión, concluimos que cada una de las instituciones de la cultura, tales como familia, iglesias, medios de comunicación y muy especialmente  aquellas cuya misión es educar, adquieren un papel fundamental para  los cambios reales, radicales en dirección a la defensa de los Derechos de ser, de vivir, de estar, de las inclusiones y de las prácticas de equidades.

Ahora bien, lo que hoy día popularmente se llama “ideología de género”, es justamente esta herramienta de análisis que cuestiona las estructuras socio-culturales fundadas bajo la ideología patriarcal. Es una herramienta de análisis que cuestiona cómo las sociedades y dentro de ellas las instituciones, están ordenadas, donde los privilegios son para varones, blancos, ricos, heterosexuales. Las personas que escapan de este concepto restricto quedan afuera. Por siglos esto ha sido considerado con un “orden natural”.  La herramienta de análisis de género desnaturaliza este “orden”, cuestiona los roles definidos como “normales”, reivindica derechos para la diversidad humana y esto crea incomodidades, resistencias, principalmente para personas y grupos que no desean que tal orden sea cuestionado o cambiado.[9]

Volviendo a la pregunta inicial: ¿Por qué se oponen los fundamentalismos religiosos a lo que llaman “ideología de género”? Yo diría que Género como herramienta de análisis  ofrece la posibilidad de sospechar del orden , de los roles naturalizados como los que son correctos y adecuados bajo la lógica patriarcal,  como diría Schussler Fiorenza, Kyriarcal[10],  y por supuesto, como los estudios de género ofrecen un método de análisis,  trae consigo la duda metódica, que por principio es incompatible con las creencias religiosas y que en el debate, en las discusiones amplias, públicas y plurales es hostil a las certidumbres de las profesiones de la fe.[11]

Desde mi mirada, como investigadora de los estudios de género desde 2004, es intrigante mirar el fenómeno de los grupos sociales que en muchos países de América Latina hoy,  protestan y resisten a lo que llaman  “ideología de género”.  Recuerdo que en un trabajo de investigación publicado en Brasil en 2006 (CNPq 2006) leí algo de la Universidad de Notre Dame (EUA) – que es valorada como una universidad confesional/de trasfondo religioso, pero de vanguardia– en 2005/06 no había instituido grupos o líneas de investigación sobre el feminismo o sobre las mujeres, solamente sobre género. Lo curioso, que he observado, es que la preferencia de la Universidad de Notre Dame por los estudios de género en detrimento del feminismo o de los estudios de las mujeres, representaba un movimiento para neutralizar moralmente temáticas de claro impacto político para la identidad confesional/religiosa de la institución.[12]  Y creo que aquí hay que mirar en sentido de la semántica, pues hace diez años en aquel entonces, el impacto y resistencia de grupos fundamentalistas era más hacia los feminismos y estudios desde las mujeres, que al género. Hoy día, es al revés.

El gran problema es que, hoy día, los estudios de género ponen en duda  a las verdades relativas a las posturas éticas,  a la biogenética, a los estudios de la sexualidad humana, a las morales cerradas bajos las llaves de los fundamentalismos, a los modelos hegemónicos y por supuesto que al momento actual; si hacemos un análisis de coyuntura política y miramos el regreso de los dominios políticos de las élites  crueles y excluyentes, mantener a la gente desinformada y luchando entre sí, es estrategia planificada y no ingenua, tampoco neutral.  Lastimosamente estas confrontaciones solo fragilizan la propia humanidad en su existencia, pues generan odios, persecuciones, maltratos entre las personas comunes que, en conjunto, estamos amenazadas a no tener futuro, justo por estos pleitos poco racionales.

Y aquí regreso en defensa a los estudios de género, pues creo con firmeza que en el campo de la educación que incluye las inteligencias, los cuestionamientos, los nuevos descubrimientos, los nuevos conocimientos, la libertad debe (debería) ser infinita, pues el único compromiso posible es con la “verdad”, comprendida como el ejercicio permanente de la duda.[13]

Recordaba Carlos Figari que “ya los ilustres  maestros – como Nietzsche y Marx – nos enseñaron que todo lo que en realidad aparece como “natural” tiene un tufillo horriblemente ideológico. Es decir, esconde, disimula, deforma, instala algo para el dominio de uno sobre el otro.”[14] Y supongo que es a esto que van al encuentro los que están en lucha contra   lo que llaman “ideología de género”, pues lo que defienden es que no haya cambios, que no se creen nuevas inteligencias, que la historia de la humanidad y del cuidado de la vida y su reconocimiento no sea dinámico, “porque lo natural no puede tener historia, debe haber sido así siempre y seguir eternamente siéndolo.” [15]

Por lo tanto, para estos grupos, suena amenazador informar a adolescentes y jóvenes acerca de los estudios de género, porque uno de los temas  que enfrentan y denuncian es justamente la violencia de género y la violencia sexual. También suena amenazador proponer estudios que profundicen sobre el cuerpo y sus sentidos, que clarifiquen que antes de existir en un cuerpo ya hay el “significable anterior a una marca (sea su género, sexo, raza)”[16] que pasa por el poder del adulto sobre los cuerpos de la niñez y de las personas adolescentes.

Supuestamente las personas o grupos que  persiguen  lo que llaman la “ideología de género” argumentan acerca del carácter natural del cuerpo, sin valorar que es justamente ahí que habita la mediación ideológica  que oculta las contradicciones y que justifica la violencia. Desde los estudios de género, hombre/mujer, blanco/negro/indígena, son conceptos políticos y no biológicos. Según Monique Wittig, hombres y mujeres “son creaciones políticas concebidas para donar un mandato biológico a dispositivos sociales en los que un grupo de seres humanos oprime a otro.”[17] Según tal autora “las relaciones interpersonales son siempre construidas y por lo tanto la pregunta que debemos realizarnos, no es qué relaciones son más naturales que otras, sino a qué intereses sirve cada construcción.”[18]

La valentía de un currículo que propone enfrentar la temática de la sexualidad, por supuesto, genera incomodidades para quienes no desean cambios, para quienes tal vez todavía no reflexionan en que la cuestión de que “lo sexual hace tiempo quedó consumido bajo la denominada órbita de lo privado y, como tal, sujeto a una regulación silenciosa”[19] es a la vez, muy peligrosa porque oculta justamente la violencia de género y la violencia sexual. Por ejemplo, el desprecio a la diversidad sexual que en nuestras sociedades latinoamericanas son vistas como algo “común” y “comprensible”. Por esta razón es “absolutamente relevante reflexionar sobre las formas de vivir la sexualidad, sobre las muchas formas de ser y de experimentar placeres y deseos, como también parece muy relevante reflexionar sobre las posibles formas de intervenir, con el objetivo de alterar, cuestionar, cambiar de algún modo este estado de situaciones que son intolerables”[20] como el bullying y los actos de violencia y desprecios.

Finalmente, acusar los estudios de género de ser una ideología es algo a ser valorado – asumiendo que no existe ningún conocimiento o reflexión que sea neutral.[21] Un método o un área de conocimiento,  asume posturas políticas y teóricas que pueden ser de mantenimiento o de transformación.  Según la pedagoga brasileña Guacira Lopes Louro, el objeto de estudio debe procurar comprender no solo cómo se constituyeron las posiciones-de-sujeto, sino analizar cómo la oposición binaria subyacente a este régimen se inscribe en la producción del saber y del conocimiento, de la organización social, en las prácticas cotidianas y en el ejercicio del poder.[22] Con todo, el punto fundamental debe ser comprender cómo se da, en los espacios que llamamos de pedagógicos, la reiteración de tales posiciones; justamente para que se pueda reflexionar sobre tales temáticas buscando las formas de cambiar tales certezas[23] y así generar otros modos de conocer y de pensar, otras actitudes que deben interesar, en particular, a personas que trabajan con la educación de la niñez y de la adolescencia.[24] Esto supone abandonar las normas conocidas en los currículos, lo cual pertuba la familiaridad del pensamiento y obliga a pensar fuera de la lógica segura.[25]

Dicho en otras palabras, las herramientas de análisis de género contribuyen para construir una realidad distinta, donde el objetivo es formar y educar nuevas generaciones para que lleguen a ser mejores como especie humana; una donde la inclusividad, solidaridad, respeto, reconocimiento y equidad sean conceptos fundamentales que sostienen ideas y actitudes que denuncian la violencia, los abusos y los maltratos. En consecuencia, las cuestiones que nos movilizan deben ser, fundamentalmente, aquellas que “se preguntan cómo un saber se constituye y cómo otro saber no se constituye, o no logra constituirse, para comprender cómo funciona el juego de afirmaciones y de negaciones en las relaciones de poder.”[26]  Si a esto se nombra como una “ideología”, entonces reafirmo que antes de combatirla habrá que defenderla y promocionarla, para que sea comprendida con transparencia de lenguaje y con su alcance metodológico debido a que es un instrumento de transformación positiva y no destructiva.

Referencia Bibliográfica:

ALVES, Rubem. 2000. Filosofía da ciencia. Introdução ao jogo e suas regras. São Paulo: Loyola.

BALTODANO, Mireya.2016. Género: una perspectiva para la vida plena y la justicia social. San José: SEBILA/UBL.

BUTLER, Judith. 2003. Problemas de gênero – feminismo e subversão da identidade. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira.

DINIZ, Debora. 2006. Entre a dúvida e o dogma. Porto Alegre: Letras Livres.

FREIRE, Paulo. 2002.  Pedagogia do Oprimido. Rio de Janeiro: Paz e Terra.

FIGARI, Carlos. 2009. Eróticas de la dissidência em América Latina. Buenos Aires: Clacso/Ciccus.

LOURO, Guacira Lopes. 2004. Um corpo estranho. Belo Horizonte: Auténtica.

LOURO, Guacira Lopes. 2007. O corpo educado. Pedagogias da sexualidade. Belo Horizonte: Autentica.

KORTNER. Ulrich.2009. Introdução a hermenêutica teológica. São Leopoldo: Sinodal/EST.

SCHUSSLER FIORENZA, Elisabeth. 2011.Discipulado de Iguales. Una Ekklesia-logia critica feminista de liberación. La Paz: Pachamama.

  SCOTT, Joan. 1995. Gênero: uma categoria útil de análise histórica. Revista Educação e Realidade, v. 20, n.2, p. 71-99.

WITTIG, Monique, 1992. The Straight Mind and Other Essays. Boston: Beacon Press.

[1] Fundamentalismos hay en muchas esferas de la vida cotidiana. Hay fundamentalismos políticos, ideológicos y, por supuesto, fundamentalismos religiosos.

[2]ALVES, Rubem. 2000.  Filosofia da ciência .Introdução ao jogo e a suas regras. São Paulo: Loyola, p. 42.

[3] Por se desean mirar al vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=52Gai2g2qKk

[4] FIGARI, Carlos. 2009. Eróticas de la disidencia en América Latina, Buenos Aires: Clacso/CICCUS, p. 9

[5] SCOTT, Joan. 1995. Gênero: uma categoria útil de análise histórica. Revista Educação e Realidade, v. 20, n.2, p. 71-99.

[6] SCOTT, 1995, p. 73

[7]  SCOTT, 1995, p. 73/74.

[8] FIGARI, 2009, p.  9

[9] Un buen material para consulta sobre este tema es: BALTODANO ARRÓLIGA, Mireya. 2016. Género: una perspectiva para la vida plena y la justicia social. San José.

[10] El término o  el concepto Kyriarcado ha sido acuñado por la teóloga  Elisabeth Schüssler Fiorenza. Es una palabra compuesta por dos palabras griegas: Kýrios que significa   ¨dueño¨, ¨señor¨, y Archen que se remite al verbo ¨dominar¨ o ¨gobernar¨.  Para Schussler Fiorenza el sistema kyriarcal es un sistema sociopolítico de dominación, en la cual una élite de hombres mantiene el poder sobre las mujeres y sobre otros hombres.

[11] Mirar algo más: DINIZ, Deborah. 2006. Entre a dúvida e o dogma: Liberdade de Cátedra e Universidades Confessionais no Brasil. Porto Alegre: Letras Livres, p. 17.

[12] DINIZ, 2006, p. 14

[13] DINIZ, 2006, p. 10

[14] FIGARI, 2009, p. 10

[15] FIGARI, 2006, p. 10.

[16] FIGARI, 2006, 11

[17] WITTIG, Monique, 1992. The Straight Mind and Other Essays. Boston: Beacon Press.

[18] FIGARI, 2009, citado en p. 11.

[19] FIGARI, 2009, 11

[20] LOURO, Guacira Lopes. 2004. Um corpo estranho. Belo Horizonte: Autentica.

[21] Parafraseando a Paulo Freire: FREIRE, Paulo. 2002.  Pedagogia do Oprimido. Rio de Janeiro: Paz e Terra.

[22] LOURO, 2004, p. 57.

[23] LOURO, 2004, p. 57.

[24] LOURO, 2004, p. 60.

[25] LOURO, 2004, p. 71.

[26] LOURO, 2004, p. 71.

 

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Esta ponencia fue presentada en la Universidad Estatal a Distancia-UNED, el 29 de septiembre de 2017, en San José, Costa Rica, en el marco del evento “Retos y dilemas de la educación para la afectividad y la sexualidad en Costa Rica frente al conservadurismo religioso”

Modificado por última vez en 09 Nov 2017

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